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Los franciscanos en Santa Fe.

La Orden de los Frailes Menores (franciscanos) fue la primera que se instaló en Santa Fe la Vieja. Según algunos historiadores, los frailes ya habían estado presentes en la fundación de la ciudad.
Archivo General de la Nación. Departamento Doc. Fotográficos. Buenos Aires. Argentina.
LOS FRANCISCANOS EN SANTA FE
La Orden de los Frailes Menores (franciscanos) fue la primera que se instaló en Santa Fe la Vieja.
Según algunos historiadores, los frailes ya habían estado presentes en la fundación de la ciudad y cuando en enero de 1574 desde Córdoba se solicitó la asistencia de algún sacerdote, fray Juan de Rivadeneira marchó hacia aquella ciudad, regresando a mediados de año a la de Santa Fe, donde había permanecido fray Gonzalo Malaver.
Años más tarde, en 1582 Garay escribía al Rey Feliz II que en el convento de San Francisco de Santa Fe quedaba fray Francisco de Aroca: “también esta aquí [en Santa Fe] un fraile que se dice fr. Francisco de Aroca, en el monasterio del Señor San Francisco, que tiene más de ochenta años y está solo...”.

LA LABOR FRANCISCANA
La Iglesia de Santa Ana fue declarada por el Virrey “Templo Oficial” en la época colonial (luciendo el Escudo de Armas Real Hispánico).
En cuanto a su función pastoral, junto con las otras órdenes que estuvieron desde la primera hora en la ciudad (dominicos, jesuitas y mercedarios), los franciscanos se dedicaron a su actividad pastoral, la evangelización, la asistencia de los pobres y la educación de las primeras letras, para luego incorporar estudios de latinidad y filosofía. La escuela de San Francisco fue la primera en Santa Fe. Allí estudiaron, por nombrar algunas personalidades ilustres Francisco Antonio Candioti (primer gobernador de Santa Fe), el Pbro. José de Amenábar, el Brigadier General Estanislao López, Simón de Iriondo y el Gral. Pascual Echagüe, entre otros.
Cabe mencionar también que en sus claustros se hospedaron personalidades como el Obispo de Córdoba, fray Mamerto Esquiú (llamado el “orador de la Constitución) y el Dr. Dalmacio Vélez Sarfield.

LA IGLESIA Y EL CONVENTO
Los franciscanos construyeron su Iglesia y su convento con los materiales y los recursos financieros disponibles.
Hecho realidad el traslado de Santa Fe la Vieja en 1660, la nueva iglesia de San Francisco fue una precaria construcción de barro y paja ubicada, al igual que en la antigua ciudad, a una cuadra al sur de la Plaza Mayor.
La edificación actual se comenzó a levantar en 1673, y los trabajos se dieron por concluidos en 1688, aunque se continuaron las obras de los claustros. La iglesia es de nave única que presenta como característica la prolongación de los muros laterales sobre la fachada, permitiendo el avance de la cubierta sobre el atrio. Tiene su puerta principal hacia el frente y dos puertas laterales, una de las cuales comunica con una galería que da a la calle del oeste y la otra con la galería del claustro. Una cuarta puerta, de menores dimensiones permite el paso desde la sacristía.
El convento se organizaba con tres hileras de habitaciones o celdas que se adosaban a la iglesia por el lado oeste, configurando un patio cuadrangular que se rodeaba con galerías. Del lado de la calle, junto a la iglesia, debió estar la Portería del Convento. Y a continuación las habitaciones utilizadas para escuela y algún cuarto de alquiler. Los cuartos de los otros lados deben haber servido de celdas o habitaciones de los frailes, y como Refectorio, Sala de Profundis y sacristía.
Un pasadizo permitía el paso desde el patio conventual a los traspatios y corrales donde se deben haber levantado construcciones más precarias destinadas a cocinas, depósitos y cuartos para esclavos e indios de servicio. El resto de los espacios libres debe haber servido de huerta, con verduras, hortalizas y árboles frutales para el consumo conventual.
Los muros del templo y del convento fueron construidos con la técnica de la tapia o tierra apisonada. Techumbre interior de madera tallada a mano, encastradam siendo la exterior de tejas.
El templo mantuvo su aspecto original hasta fines del siglo XIX, ya en 1918 se le agregó una nueva fachada cerrando el atrio semicubierto con una pantalla que pretendía dar un toque “italiano” al exterior. En 1938, durante el gobierno de Manuel de Iriondo (1937-1941) se ordena desde el gobierno provincial la sistematización del área inmediata a San Francisco, dentro del proyecto del Parque del Sur, respetando las modificaciones que presentaba la fachada.
En 1942 se lo declara Monumento Histórico Nacional, y entre 1949 y 1952 se realiza una segunda restauración, en la cual se reconstruye el ala norte del convento para instalar el museo.

LAS TUMBAS QUE ALBERGA
Desde la antigüedad, las iglesias eran verdaderos cementerios cristianos. Así, en el interior del templo y en las galerías del convento, descansan los restos de muchos santafesinos y religiosos que habitaron en San Francisco en distintas épocas. Algunos de ellos fueron benefactores, frailes o terciarios franciscanos. En el interior de la Iglesia, por ejemplo, descansan los restos del Brigadier General Estanislao López y de su esposa Josefa Rodríguez del Fresno (junto a ellos está el epitafio que dedicara Juan Manuel de Rosas a la memoria del Brigadier tras su muerte), el Padre Magallanes (víctima de la tragedia del yaguareté), del ex gobernador y médico Dr. Cándido Pujato, del Canónigo Severo Echagüe, de fray Martinengo quien fuera mentor de las refacciones del Convento e Iglesia y guardián del Museo, de fray Adriano Rincón, legendario religioso y personalidad santafesina por adopción, entre muchos otros.

Prof. Mariano I. Medina
Director del Museo Histórico Provincial de Santa Fe

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